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jueves, 22 de marzo de 2012

Como la vida misma

Como una receta cuyo ingrediente estrella es la admiración o un postre que deja siempre un buen sabor de boca. La última entrevista de Tenemos Que Hablar ha sido algo así como eso. Un reportaje o un buen recuerdo. Antonio Resines nos ha revelado sus secretos y nos ha contado alguna anécdota como “exclusiva para el CEU”.

Una “buena estrella” merecedora del premio Goya con que se le galardonó en el 97. Tan elegante como siempre, nos invitaba, amable, a conocerlo mejor. Desde 1980 ha dejado brotar de su nombre el prestigio de un buen actor. Debutó con Ópera Prima, en la que se estrenaba además, como director, su compañero de fatigas e incansable seguidor. Fernando Trueba. Juntos han recorrido el camino del cine. La dirección de Trueba ha contado siempre con la interpretación de Resines.

Son sus gestos los que lo hacen inconfundible. Y esa forma de hablar tan peculiar. Sus manos, inquietas, difícilmente podrían cargar el equipaje de su bagaje, de su experiencia profesional. Varias series de televisión y más de cincuenta películas sobre su espalda. Entre estas destacan La línea del cielo, Amanece que no es poco, Sé infiel y no mires con quién, La buena estrella o La vida alegre.

Los más jóvenes probablemente lo conozcan por su papel en Los serrano, la tan exitosa serie de televisión o por su actuación en El sueño de Iván o en la taquillera Celda 211. Actualmente está casi por entero dedicado al teatro, mas también la producción le mantiene ocupado.

De su largo recorrido le quedan grandes amigos. Ha participado de varios proyectos e indudable es también su colaboración en producciones como Chico y Rita. Una película de animación, reciente ganadora en los Goya y nominada asimismo a los Óscar, que recuerda aquello de que “el amor es una canción”. Y si en algo han de coincidir sus compañeros es en hacer dueño a Resines de un carácter natural e inconfundible.

Cántabro de padre abogado siguió en principio cuanto le dictaba la tradición. Estudió Derecho. Lo dejó y se decantó por Ciencias de la Información. Tirando de colegas rodó algún cortometraje y se ha convertido en identificativo de la escena española. Solo él es capaz de hacer que el espectador se sienta, ante su actuación, como una noche “a las once en casa”.

Nos hemos atrevido a preguntarle cuándo van a entregarle la medalla de oro al trabajo. Sin embargo, conocedores de su experiencia y al margen de su modestia, tenemos la certeza de que será más bien pronto.  Ha sido, en dos ocasiones, mejor actor de televisión y en su currículo figuran más de diez candidaturas. “He tenido la suerte de pegar bien en mis trabajos”. Una verdad. Una cara. Una voz y, con mayúsculas, un ACTOR.

ANTONIO RESINES.


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