Como
una receta cuyo ingrediente estrella es la admiración o un postre que deja
siempre un buen sabor de boca. La última entrevista de Tenemos Que Hablar ha
sido algo así como eso. Un reportaje o un buen recuerdo. Antonio Resines nos ha
revelado sus secretos y nos ha contado alguna anécdota como “exclusiva para el
CEU”.
Una
“buena estrella” merecedora del premio Goya con que se le galardonó en el 97.
Tan elegante como siempre, nos invitaba, amable, a conocerlo mejor. Desde 1980 ha
dejado brotar de su nombre el prestigio de un buen actor. Debutó con Ópera Prima, en la que se estrenaba
además, como director, su compañero de fatigas e incansable seguidor. Fernando
Trueba. Juntos han recorrido el camino del cine. La dirección de Trueba ha
contado siempre con la interpretación de Resines.
Son
sus gestos los que lo hacen inconfundible. Y esa forma de hablar tan peculiar.
Sus manos, inquietas, difícilmente podrían cargar el equipaje de su bagaje, de
su experiencia profesional. Varias series de televisión y más de cincuenta
películas sobre su espalda. Entre estas destacan La línea del cielo, Amanece
que no es poco, Sé infiel y no mires
con quién, La buena estrella o La vida alegre.
Los
más jóvenes probablemente lo conozcan por su papel en Los serrano, la tan exitosa serie de televisión o por su actuación
en El sueño de Iván o en la
taquillera Celda 211. Actualmente
está casi por entero dedicado al teatro, mas también la producción le mantiene
ocupado.
De
su largo recorrido le quedan grandes amigos. Ha participado de varios proyectos
e indudable es también su colaboración en producciones como Chico y Rita. Una película de animación,
reciente ganadora en los Goya y nominada asimismo a los Óscar, que recuerda
aquello de que “el amor es una canción”. Y si en algo han de coincidir sus
compañeros es en hacer dueño a Resines de un carácter natural e inconfundible.
Cántabro
de padre abogado siguió en principio cuanto le dictaba la tradición. Estudió
Derecho. Lo dejó y se decantó por Ciencias de la Información. Tirando de
colegas rodó algún cortometraje y se ha convertido en identificativo de la
escena española. Solo él es capaz de hacer que el espectador se sienta, ante su
actuación, como una noche “a las once en casa”.
Nos
hemos atrevido a preguntarle cuándo van a entregarle la medalla de oro al
trabajo. Sin embargo, conocedores de su experiencia y al margen de su modestia,
tenemos la certeza de que será más bien pronto. Ha sido, en dos ocasiones, mejor actor de
televisión y en su currículo figuran más de diez candidaturas. “He tenido la
suerte de pegar bien en mis trabajos”. Una verdad. Una cara. Una voz y, con
mayúsculas, un ACTOR.
ANTONIO
RESINES.

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